Mejor dicho: las ibéricas, porque son dos hembras. Una tarde de mayo decidimos sacar a las gorrinas por el monte y lo pasaron estupendamente. Ellas, a lo suyo, hozando; y nosotros, a lo nuestro, charlando de cosas sin importancia que no recuerdo. Una tarde apacible y dulce. Aquí les cuelgo unas fotos, que me ha pasado mi amigo Pablo, de este doméstico viaje a la arcadia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario